Trabajamos en equipos, aunque a veces parece que seamos grupos. ¿La diferencia? La conexión que hay entre las personas que los forman. Y ya sabes, que se del cierto que este feeling se puede (y debe) trabajar, eso si, con esfuerzo.

El liderazgo es una habilidad que no entiende de cargo, me da igual que dirijamos equipos o no, lo que si está claro es que trabajamos siempre con más personas.

Y la mirada es la clave, no la mirada física (que también) sino la mirada interna en la que proyectas tu grandeza como ser. Asegúrate que así sea, ganaremos todos.

Nos es fácil ver en los otros las debilidades, los errores, los puntos negativos, habitar en la desconfianza, etc. ¿Y que es lo único que ganamos? Hacer grande nuestro ego, y sólo a veces. Y hacer pequeño al otro, como persona y como profesional. Reside aquí una muestra de miedo y/o envidia, demasiado extendida en las organizaciones.

Lo proceso lógico en la naturaleza es el crecimiento, no le cortamos las alas a un hij@, tampoco a un amig@o, pero sin embargo si lo hacemos con los compañeros. No lo entiendo.

Me gusta la idea de hacernos crecer entre todos, tengo la convicción que existe un potencial ilimitado de las personas, en una genialidad no explotada, todos nosotros podemos hacer mucho más de lo que creemos y existe mucho talento que no se está aprovechando en las organizaciones.

Y esto es una creencia, una convicción que empodera, que me hace crecer a mi y a los demás. Y si como líder miro a las personas que me rodean desde esta convicción, sacaré mucho más de ellas, porqué confío que pueden desarrollar este potencial, en beneficio a uno mismo y al del equipo. Y es que de esto se trata, crecernos como personas, hacer cosas extraordinarias y como consecuencia obtener mejores resultados para la empresa.

Si realizo este cambio consciente de mirada, tendrá grandes consecuencias en mi forma de expresarme, de hablar, de comunicarme, y sin duda alguna, las otras personas lo percibirán, generando la confianza necesaria que será un motor de motivación para conseguir nuevos retos y a la vez estaremos generando la conexión deseada.

Déjame hablarte del Efecto Pigmalion, éste defiende que las creencias que tenemos influyen en el rendimiento de las personas. Según la creencia que yo tenga, actuaré de una forma u otra y  obtendré unos resultados u otros. ¡Mira este vídeo ¡me gusta como ejemplo!.

¡La creencias son profecías que se autocumplen! Clic para tuitear

Si confío en alguien de mi equipo y creo en su potencial, delegaré en él tareas que le hagan crecer, le acompañaré en el desarrollo como profesional y sin duda obtendremos mejores resultados. Y a la inversa también pasa, si yo no confío en alguien o pienso que no puede hacer según que tareas, ya no delegaré en el, este perderá confianza y lo estaré limitando a lo que yo creo que puede hacer. Yendo, además, en detrimento de todos.

Tus convicciones acerca de tu equipo y lo que puede llegar a ser, determinará, quienes seréis. Clic para tuitear

Así que mi invitación es que empecemos a ver la grandeza de los otros, las fortalezas, las cualidades positivas, invitemos a las personas que están con nosotros a nuevos retos, confiando en ellos y su potencial, comunicando de forma enriquecedora, con energía y pasión hacia lo que hacemos y hacia las personas, y sobretodo, ¡ser el ejemplo de persona que queremos en el equipo!.

Necesitamos cada vez más hacer cosas extraordinarias y con tus palabras y tus acciones puedes llevar a las personas a un siguiente nivel. Esta es tu responsabilidad.

Acabemos con la mediocridad y empecemos a confiar en el poder de la mente. Clic para tuitear

Empieza de nuevo. Curiosea. Mira a tu equipo con una nueva mirada. Y comprueba los resultados. ¿Te atreves?